Investigando sobre las competencias digitales, me he topado con la iniciativa estratégica denominada #SoyDigital_UAX de la Universidad Alfonso X el Sabio. El fundamento de dicha planificación es una máxima del informe McKinsey, emitido por la empresa de consultoría pública global homónima, y que dice que “la calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes”. A partir de esta premisa, los de la UAX infieren que la mejora educativa se basa en la transformación digital docente.

Hay diversas opiniones respecto al informe McKinsey. Rodrigo Santodomingo publica en la revista Magisterio digital que: “El último estudio educativo de la consultora norteamericana concluye que la pócima del éxito en el aula incluye algo de metodologías innovadoras y mucho de didáctica tradicional.” En cualquier caso, ante la posición tomada por la UAX, nos encontramos con uno de los mayores problemas que sufre el mundo educativo: intentar correlacionar de forma aislada el perfil profesional docente con los resultados educativos. Está claro que ambas variables tienen una relación, pero los resultados educativos deben estudiarse como el resultado de la interacción de múltiples factores, como pudiesen ser por ejemplo la infraestructura del centro o el sector socioeconómico del alumnado entre otros. Ya está bien de colgar el sambenito a los docentes.

Cuando me hablan de la transformación digital de los docentes, inmediatamente me pregunto “¿Para cuándo la transformación digital de los centros?”. En mi opinión, el argumento de que la mejora de las competencias digitales de los docentes mejora los resultados educativos se ha repetido tanto, que todos lo dan por sentado. Poco se habla de la influencia de las competencias digitales (o incompetencias) del alumnado en los resultados, ya que son un factor clave para entender como aprenden los alumnos. Creo que ha llegado el momento de dejar un par de cosas claras al respecto:

  1. Las competencias digitales de los profesores no se transmiten de forma vicaria o vivencial a los alumnos.

Supongamos que un profesor es competente en el desarrollo de contenidos digitales. Esto es algo básico para la práctica docente. Utiliza unas maravillosas presentaciones multimedia en sus clases que, por mucho que sus alumnos disfruten, no les capacitan a ellos para crear y usar correctamente las presentaciones. ¡Ni qué decir de los trabajos! El profesor aporta monografías impecables en el aula virtual, pero los alumnos son incapaces al acabar la ESO de presentar un trabajo con portada, índice y numeración de páginas.

Para conseguir que los alumnos se capaciten en tal competencia, el centro debe pedirles que practiquen y practiquen. Se deben dar siempre las mismas pautas y corregir los contenidos de forma homogénea.  Tiene que haber un acuerdo de centro de cómo se corrigen los contenidos producidos por el alumnado y lo que vale en una materia, por fuerza debe ser válido en el resto.

  1. Las buenas prácticas aisladas no se adoptan por la cultura de centro de forma espontánea

Un profesor plantea cada trimestre un caso a investigar por Internet. Puede ser desde una única pregunta reto sin ningún tipo de soporte a una caza del tesoro o webquest. Con ello piensa que podrá corregir  la desastrosa capacidad que tienen sus alumnos para analizar, comparar y evaluar críticamente la credibilidad y fiabilidad de las fuentes de datos, información y contenido digital. Este profesor es un entusiasta de esta metodología y aprovecha, siempre que tiene ocasión, para explicarla y mostrarla a sus compañeros.

El centro debe adoptar las buenas prácticas aisladas y promover su extensión al resto del profesorado para que se consoliden como cultura de centro. Con el fomento explícito de las buenas prácticas por parte de las direcciones sí pueden acabar convirtiéndose en la cultura de centro.

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Así pues, es necesario que las direcciones de los centros escolares estén muy concienciadas en conseguir una cultura de centro que:

  • Promueva buenas prácticas TAC del profesorado
  • Se fundamente en acuerdos de claustro en cuanto al uso de las TIC en las actividades escolares.

La transformación digital del profesor puede ser moderada siempre que sea resonante a esta cultura de centro. De nada sirve tener profesores capacitados digitalmente de forma excelente pero que actúen de forma aislada.

En conclusión, la transformación digital de los centros es la estrategia prioritaria para mejorar la adquisición de competencias digitales del alumnado y la mejora de los resultados educativos.