Tal y como les había prometido si recogían su cuarto, la canguro les prepara una cena sorpresa. Coloca los alimentos, debidamente cortados, separados en pequeños cuencos. Eloi aparece en el quicio de la puerta de la cocina.

– “Tin-ana.” – Dice con lengua de trapo. El pediatra le ha quitado importancia a esa dislalia, dice que es adaptativa. La canguro sonríe. Le divierte mucho ese rasgo del niño. 

– “Tens gana?” – Le contesta en catalán, Eloi se queja de que tiene hambre. – Llama a tu hermana que pongo la mesa.

Cuando tiene a los niños sentados, la chica les explica en qué consiste la cena.

– Hoy vamos a comer caras. Mirad como se hace. Esto es un plato vacío, pero si pongo estos trocitos de salchicha así, parece una boca. Ahora  cojo dos rodajas de tomate de este bol y las coloco como si fuesen ojos. La lechuga puede ser el pelo y estas patatas asadas las orejas.

– “I el nas?” – Interrumpe Aina, preocupada por la nariz. A pesar de sus escasos tres años, da signos de poseer una gran inteligencia y una capacidad de atención sorprendente.

– Estas aceitunas rellenas cortadas por la mitad. ¿Veis?

– ¡Ooooh! – Dice Eloi que se pone de inmediato a comer del plato que ella acaba de preparar. Es verdad que el crio tiene hambre. Su hermana se pone a construir su propio plato con la minuciosidad de un chef.

Tras la cena, La canguro les pide a los hermanos que escojan un libro de cuentos mientras ella va al lavabo. Sabe de sobras que van a elegir una antología por la que sienten auténtica devoción. Aina irrumpe en el lavabo para decirla que no encuentran ese libro. Encuentra a la canguro desnuda de cintura para abajo. La niña se la queda mirando, con esa curiosidad que tienen los niños pequeños y que a muchos adultos les parece insolente. 

– “Tu tens…” – Señala la entrepierna de la canguro con el dedo, sorprendida ante el hallazgo.

– Tengo pene como tu hermano. – Sonríe La canguro mientras se pregunta cómo explicárselo adecuadamente. – A veces las niñas nacemos así, y luego en el hospital nos ayudan a ser como el resto de niñas.

Aina, que odia ir al pediatra porque le pone vacunas, se queda algo consternada. Así que la chica decide explicarlo de otra forma.

Los hermanos la miran expectantes desde sus camas. El cuento antes de ir a dormir va a ser hoy uno muy especial.

– Hoy no voy a leer el libro de cuentos porque os voy a contar uno que tengo aquí. – Se señala la cabeza y sonríe. Los niños le devuelven la sonrisa.- El cuento se titula El cisne atrapado:

“Hace mucho tiempo, cuando los animales todavía podían hablar, un cisne tuvo mala suerte y nació en el interior de un huevo de pato. Su madre pato le trató como al resto de sus hijos los patitos. Pero el pequeño cisne se daba cuenta todos los dias de que él no era un pato, sino un cisne atrapado en un cuerpo de pato. 

Un día le confesó a su madre lo que sentía.

– ¿Cómo puedes decir eso?- Le dijo su mamá.- En mi familia siempre hemos sido patos. Fíjate en tu cuello: no es tan largo como el de los cisnes. Deja pasar el tiempo, verás como al final te das cuenta de lo que eres en realidad.

Pero el tiempo pasó y el cisne cada vez estaba más triste por que no le gustaba hacer las cosas que se supone que hacen los patos. Su madre lo le auxiliaba, sus hermanos no sabían qué hacer y para colmo,  él en la escuela los maestros se esforzaban en que fuese un buen pato. 

Como se sentía atrapado, el cisne daba grandes paseos donde lloraba sin que le viese su família. Durante un paseo por el bosque vió algo que le sorprendió: una oruga construyendo un capullo. 

– ¿Qué haces oruga?

– Construyo una pupa para cambiar.

– ¿Cambiar? ¿Acaso no eres una oruga?

– Pato, tú me ves como oruga, pero mi esencia es otra. Ahora me voy a convertir en una mariposa.

– ¡Ooooh! A mi me pasa lo mismo, tu me ves como pato, pero en verdad soy un cisne. ¿Yo también puedo hacer como tú y cambiar a mi forma auténtica?

– Tendrás que preguntárselo al hada del bosque. Ella lo sabe todo.

El cisne se fué bosque adentro en busca del hada. Estuvo dando vueltas y vueltas hasta que al cabo de varios días la encontró volando entre las flores de un árbol, transformándolas en  frutos con el roce de sus alas. Le explicó su problema y el hada le dijo:

– A veces, la madre naturaleza hace las cosas distintas. Si no eres feliz así, no te preocupes. Yo puedo ayudarte a salir de dentro de forma actual.

Entonces voló alrededor del cisne atrapado en un pato hasta que el polvo de hada que caía de sus alas lo cubrió por completo, luego se iluminó y desapareció, dejando libre al cisne.”

Eloy se había dormido a medio cuento. Aina, en cambio, la miraba atenta con sus ojillos redondos bien abiertos.

– ¿Y tú vas a buscar al hada del bosque?

– Sí, Aina. Solo que aquí en la ciudad no hay hadas y voy al médico.

– ¡Ah! Te da un jarabe de polvo de hada.