… O UNA TEORÍA DE LA COMPETENCIA DEL ESCRITOR.

Hoy acaba el NaNoWriMo 2019. Ahora toca revisar el texto producido a base de buenas dosis de cafeína y desatención a tla família, amigos y a uno mismo. Pero, ¿cómo vamos a revisar este texto? ¿Usaremos gafas de aumento, microscopio o incluso haremos un estudio forense? Está claro que por muy inspirados que hayamos estado este mes de noviembre, es posible que los errores cometidos vayan más allá de las faltas ortográficas, gramaticales o de expresión. 

Hace tiempo que veo repetido hasta la saciedad el concepto binario para clasificar a los escritores en dos estereotipos: los que siguen un mapa previsto con antelación a la escritura o los que se guian por su brújula interior improvisando sobre la marcha. Creo que habría algo más a añadir en esta clasificación. En efecto, la teoría brújula/mapa me parece tosca e inadecuada, pues si de algo me ha servido estudiar ciencias naturales para entender la vida, es aceptar que las cosas naturales no suelen ser binarias: blanco o negro, bueno o malo, femenino o masculino. Lo primero es asumir que si para saber la magnitud de los terremotos se estableció la escala de Richter, y para la fuerza de los vientos la de Beaufort, deberíamos usar una escala para definirnos como mapa o brújula. 

Cuando estudié psicología, uno de los trabajos que más me impresionaron fueron los de Hans Eysenck, un matemático y psicólogo que estableció una clasificación de las personalidades atendiendo a tests que puntuaban en tres dimensiones: neuroticismo, extraversión y psicoticidad. Los personalidad de cada individuo podía describirse como la combinación por su puntuación dentro de las tres dimensiones antes nombradas.

Lo primero que tenemos que admitir es si las condiciones de mapa y brújula forman parte de la misma dimensión. Yo pienso que no es así. Uno puede ser mapa  sin concebir la totalidad de los datos y dejár que la improvisación delante del papel haga brotar esos detalles menores mientras se escribe. 

Mi experiencia en microrrelato me dice que una frase o desenlace genial puede venir en modo mapa o en modo brújula. En mi libro INSTRUCCIONES NO INCLUIDAS (De venta aquí) hay dos microcuentos que fueron concebidos de las dos formas: “Atentos a la señal” fué un proceso de mapa a conciencia, mientras que “Elevar a una potencia” fue un camino siguiendo la brújula, en el que disfruté del juego de la polisemia de una palabra. 

Sin embargo, la brújula no deja de actuar nunca, ni cuando trazamos un mapa. Unas veces necesitamos los pormenores por adelantado y otras necesitamos ponernos a escribir y sólo cuando la historia cobra vida nacen también los detalles menudos que la caracterizan. Por eso considero que el binomio mapa/brújula no son las los extremos de una misma dimensión aunque lo parezcan.

¿Tendrían las dimensiones de mapa y brújula una condición con dos polos opuestos?

Volviendo al ejemplo de las dimensiones de Eysenck, la extroversión tenía dos extremos: el tipo extrovertido tenía como opuesto el introvertido. Es pues una dimensión con dos polos, entre los cuales se situaría la personalidad de cada uno de los individuos.

Un escritor puede moverse en la dimensión mapa entre dos polos. Cuando va a la aventura teniendo una ligera idea de a donde va, hablaríamos de un explorador o trotamundos. Si por el contrario tiene la ruta prevista, con transportes reservados y alojamientos apalabrados, entonces es un viajero organizado.

La dimensión de la brújula se fundamenta en un sentido de la orientación que le guía en todo momento, llamemos a esta característica recursos, inspiración, imaginación, inventiva o cualquier fuerza interior que nos ayude ante la página en blanco. Pienso que quizás no exista la caracterítica contraria. ¿O si existe? Pongamos que la brújula interior es la pulsión del escritor. Tal y como la describen, es la poderosa energía que viene del inconsciente que se canaliza fuera de nuestra mente mediante la escritura. Cuando un escritor se identifica tanto con lo que produce corre un doble riesgo:

  • Te habla de su vida. Puede que sea muy importante para él pero puede carecer de todo interés para el lector.
  • Lo que escribe incumple el principio de Chejov: todo lo que está dentro de una narración tiene una función. Si escribimos movidos por la necesidad de soltarnos y vaciarnos de lo que nos inquieta, al final se pierde el sentido, el viaje es confuso y lleno de paradas innecesarias.

 

¿Cuál sería la condición contraria a la brújula?

Revisar una ruta, aunque se haya llegado al destino que buscábamos, tanto si se ha planeado minuciosamente con anterioridad, como si no, es una condición que no todos los escritores son capaces de realizar. De hecho, por muchos correctores que contrates, beta-readers que te busques, consejos de editores que conozcas y tutorias en escuelas de escritura que solicites, jamás podrás analizar con distancia a tu creación si no apartas el ego de ella y eres capaz de analizar si aquel viaje vale la pena al lector.

Por desgracia, el error más característico del escritor principiante es confundir la voz del escritor con su propia voz interior, con su inconsciente. He leído óperas primas de conocidos donte te explican de forma descarada anécdotas de su vida sin ninguna relación con la trama. 

Pero también me he visto sorprendido por grandes escritores que han decidido un camino confuso, una ruta con paradas innecesarias donde ninguna idea válida se subía al tren. He leído obras de gente consagrada que dedican preciosas líneas de texto a desarrollar personajes estúpidos y vacíos que no han aportado nada en la trama. Por poner un ejemplo de esto último, en una historia reciente que leí, vi que para demostrar que una dama es rica, el autor le pone a su servicio a una doncella que dice y hace cosas que como digo, no aportan nada a la trama.

Hay una gran cantidad de aspectos que no se suelen estudiar cuando se revisa un texto. Unos aspectos que no estan en la corrección del mismo. Volviendo al símil del viaje, sería elegir una ruta rápida y certera, elegir la que menos peajes tiene o la más barata, o la que menos atascos vamos a sufrir. Por eso creo que lo contrario a un escritor brújula es el escritor GPS. Entiéndame lector, si confiamos ciegamente en nuestra brújula, entonces olvidamos poner a funcionar el GPS.

¿Qué es un escritor GPS?

igual que el aparato calcula una ruta en base a unos parámetros designados, un escritor GPS debe reflexionar sobre distintos aspectos de su creación.

En primer lugar, sobre qué datos revela en su obra. Los detalles que expone deben ser suficientes para evocar una imagen mental en el lector, sin necesidad de agobiarlo con una clase magistral escrita para que se presente a examen. 

El segundo gran aspecto que debe estudiar el escritor GPS haría referencia a los personajes, debe preguntarse si están para contribuir a la trama, haciendo que avance, para liberar tensión o para incrementarla. Si es así, debe estudiar el papel de cada personaje secundario con peso en la trama principal como si se tratase de un baile, no vaya a ser que esté sentado en una silla toda la novela para hacer una acrobacia con doble salto mortal -a la que le teníamos destinado- al final de la historia.

El GPS debería poder “recalcular la ruta” en cualquier momento del viaje, no es necesario ponerse a analizar cuando se ha finalizado el viaje. Es más, si lo hacemos al final no tendría sentido o habría demasiados errores acumulados.

Una nueva teoría

Así que cuando pensemos si somos mapa o brújula, hemos de pensar que todos desarrollamos esos aspectos. Lo conveniente es preguntarnos si como escritores somos exploradores o viajeros organizados en la planificación, y si obedecemos a la brújula o usamos el GPS en el desarrollo de nuestros relatos.

¿Qué piensas querido lector?